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Opinión “La Década Estancada” “A 40 años de la Gesta heroica de Malvinas”

  • Foto del escritor: PROF. Marcelo CISNEROS CATALDI
    PROF. Marcelo CISNEROS CATALDI
  • 14 feb 2022
  • 5 Min. de lectura

“Quiero dejar constancia del agradecimiento a Jorge Born por su actitud generosa al manifestarme su perdón personal y cristiano. Esto se inscribe en la actitud del Poder Ejecutivo al haber dictado, también generosamente, su indulto. Estoy íntimamente convencido de que decir la verdad es la única conducta que cabe para la reconciliación nacional. Y el único homenaje en serio a los caídos de nuestro bando, a los de las Fuerzas de Seguridad y a los de las Fuerzas Armadas…” [1]

Rodolfo Galimberti


Enseñemos a perdonar, pero si enseñamos también a no ofender, sería más eficiente.”[2]

José Ingenieros




Palabras experimentadas de un Montonero devenido en amigo de los Carapintadas, facción nacionalista del Ejército Argentino. Esas palabras resonaron desde el exilio también, había que regresar a la legalidad perdida hacía más de una década y el presidente peronista Carlos Saúl Menem lo hizo posible con los indultos que incluyeron a la primera plana de las Juntas del Proceso. Para el montonero, en realidad cofundador de JAEN, este indulto era lo más indicado, sin embargo era 1990 y no todos estuvieron de acuerdo.


Nuestra posición frente al indulto es categórica. El indulto no es una forma legal posible hacia los que participaron en el Ejército durante el gobierno de Videla y compañía y tampoco para las organizaciones guerrilleras tan criminales como las huestes militares, doy esta aclaración porque acompaño las sabias palabras del General Don José Francisco de San Martín. Seguro al atento lector le llamará la atención lo que aparece ante sus ojos, pero cabe destacar que las cárceles del pueblo y los fusilamientos, las bombas matando inocentes y los secuestros, son delitos, por lo tanto, los delitos perpetrados en cualquier situación deben ser castigados conforme a derecho.


El intento de Menem era iniciar la reconciliación nacional, algo que intentó Perón en el año 1972 con el político de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín. Menem se abrazó con el Almirante Rojas, partícipe del Golpe de Estado de 1955 y del previo bombardeo a la Plaza de Mayo en el mismo año. Menem comprendía que era una tarea difícil y más cuando los interesados no estaban de acuerdo. Las tensiones entre las facciones militares y pro guerrilla se mantuvieron hasta Diciembre de 1990. Luego se formaron organizaciones para oponerse a los indultos como por ejemplo, HIJOS.


Lo que pareció el inicio de una reconciliación fue el inicio de un estancamiento. ¿Qué haría usted si un genocida que violó y vejó a su hija, secuestró a su nieto o lo quemó con picana en el escroto? ¡Imagino que lo perdona!

¿Qué haría usted si encuentra a un guerrillero que ordenó la muerte de su hijo que cumplía con su deber patrio de realizar la Conscripción, Servicio Militar Obligatorio? ¡Imagino que usted lo perdona!


Queda claro que muy pocas personas aceptaron la propuesta del otrora presidente por dos períodos propuso. Algunas personas se vieron beneficiadas con los negociados del Presidente con empresarios como el mencionado con el ahora empresario Galimberti. Lo que proponía Carlos I de La Rioja, era interesante, pero imposible de plasmar o comprender para las víctimas de como lo menciona Rodolfo “Schaffer” Galimberti. Con nietos sin aparecer, con la verdad sobre ciertas cuestiones sin resolver anunciar una etapa de reconciliación era por un lado valiente y fundamental para un nuevo inicio, pero floja en lo que respecta al reconocimiento del dolor de las víctimas. Debemos hacer una aclaración. Cuando hablamos de reconocimiento, no lo decimos por la extensión de un subsidio a las víctimas, sino al cumplimiento de las leyes, para que un país sea serio es fundamental que las leyes, los procesos judiciales, las sentencias y las penas fueran cumplidas a partir del respeto a las instituciones democráticas, evitando los vicios de las negociaciones traídas por los intereses de los sujetos que participaron en los atroces hechos desde 1970 hasta 1983. Los setenta, como los llaman hoy, nos tuvieron una resolución, se transformaron en una obsesión por parte de juristas nacionales e internacionales, todo en la argentina estaba dirigido a los 70, personas que nacieron en democracia hablaban como si hubieran vivido aquellos años de inmenso dolor e incertidumbre, historiadores, sociólogos, psicólogos sociales, psicoanalistas, médicos, abogados y jueces, los medios de comunicación y las editoriales movieron sus industrias al calor de los debates, un debate que no parece concluir, un círculo que no cierra y que mantiene el dolor al día. Argentina es un país que vive una vida occidental, se encuentra alineada con Estados Unidos, fue golpeada por la globalización y liquidados sus estandartes gracias al neoliberalismo. El discurso sobre los Derechos Humanos es válido, pero por defender algunos derechos olvidan otros, o los colocan en una tabla jerárquica. Por ejemplo, la vida de un conscripto no valía lo mismo que la de un guerrillero, o un militar que defiende a los valores de la patria tiene que ir preso, pero uno que arregla con los ex guerrilleros puede tener una banca en el Honorable Congreso de la Nación Argentina.


Algunos deben estar pensando que estoy loco o no entiendo. Detrás de cada lucha por un subsidio o reconocimiento hay una infinidad de negocios que implican el acceso al dinero, en ocasiones de las arcas de los distintos estados del país, pero también en la colaboración de empresas que no terminan de servir al bien común como lo indica Benegas Lynch (H.) como unas de las funciones del liberalismo. En realidad la formación de estas organizaciones sociales y de facción no agregó valor a la idea de reconciliación nacional, sino que le echaron leña al fuego.


El estancamiento en la década del 1970[3] se transformó en perjudicial para las generaciones del presente que aprenden esto de fueron ellos, fueron los otros, cundo en realidad fueron algunos de esos y algunos de aquellos. Para pinchar ese círculo es fundamental cerrar heridas, reconocer responsabilidades por parte de los sectores armados del lado de la guerrilla juvenil, y del ejército. Es cierto, quedan cuentas pendientes, y las organizaciones tienen el deber de seguir investigando, pero es sobre cuestiones del pasado, no sobre el presente. Los argentinos debemos darnos cuenta que separados perdemos, pero que cuando nos unimos para avanzar podemos hacer proezas. Es hora de avanzar hacia un nuevo inicio que otorgue los derechos humanos a las generaciones del presente y a las del futuro. De lo contrario, el círculo cada vez más putrefacto, acabará con algo peor que los setenta.


[1] Larraquy Marcelo y Caballero Roberto, “Galimberti: De Perón a Susana De Montoneros a la CIA”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2020. [2] Ingenieros, José, “El Hombre Mediocre”, Eudeba, Buenos Aires, 1972. [3] Algunos piensan en señalar que la violencia de los 70 es una continuidad de los fusilamientos de José León Suárez y la contante persecución al peronismo tras la proscripción. Con esto también podríamos decir que la violencia del 55 es la continuidad de la persecución del peronismo a los medios a la Iglesia. Prefiero tomar con cuidad esa postura, en todo caso elijo separar en términos, la violencia de los 70 comenzó con el fusilamiento de un general en una operación con nombre de jugo.

 
 
 

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