NO TE DUERMAS... NO HABLES CON EXTRAÑOS...
- PROF. Marcelo CISNEROS CATALDI
- 15 ago 2022
- 21 Min. de lectura
Deseo, Acto y Olvido. Manipulación.
(Si no crees, quiere decir que han hecho un gran trabajo)
“Una carga placentera”
I
Accidental Descuido
- Lo último que recuerdo es el sonido del freno del automóvil que tronó en mis oídos con esa característica agudeza. Giré hacia mi derecha y observé a la conductora del vehículo, luego me desplomé. –Dijo el paciente al médico que lo atendía por el desmayo.
No recordaba el nombre en un, pero con el paso de las horas recordó su nombre de pila, Sergio. Dentro del hospital comenzaron a realizar estudios de alta complejidad, tomografías, radiografías, pero al parecer nada grave, solamente los golpes de la caída. En definitiva quedó internado en la guardia del hospital durante veinticuatro horas; una de las preocupaciones de los galenos era la falta de datos. La mujer que trasladó a Sergio en su camioneta Ecosport de la marca del óvalo color negra al hospital se retiró del nosocomio al enterarse que Sergio se encontraba en buen estado de salud. La policía del lugar tomó una declaración sobre los datos de la mujer, era una abogada de unos 43 años, blanca, de 1.65 metros de estatura cabello castaño a la altura de los hombros, quien declaró ayudar al masculino que decía llamarse Sergio de 1.83 metros de altura, rubio, de aproximadamente 35 a 40 años de edad, blanco y aparentemente perdido.
En el preciso instante en que el Oficial marcaba el número de teléfono del secretario del juzgado, llaman desde el hospital a la seccional. Era el Jefe de guardia del hospital con la buena nueva.
Media hora antes de aquel llamado telefónico llegó a la guardia una mujer de 32 años, 1.75 metros de estatura, morena, pelo por la cintura ondulado, ojos marrón claro diciendo llamarse Judith Ramírez de Alcántara, declaraba ser la esposa del accidentado. Ante la presencia de la mujer, quien conservaba la calma, el suboficial de la consigna le pidió a la mujer que presentara la documentación para certificar la filiación. En efecto, la mujer mostró el documento de Sergio. Lo describió de manera correcta e inclusive, la manera en la que se encontraba vestido ese día. La prueba de fuego fue cuando ella se acercó a la guardia. Sergio la miró y al principio pareció no reconocerla. Judith levantó su mano derecha y se acomodó el cabello por la parte izquierda del rostro. En ese momento, al parecer hizo contacto su memoria y la gestualidad del joven cambió. Sergio quiso incorporarse para abrazar a Judith, pero ella le pidió que no hiciera esfuerzo.
- Relájate Sergio, espera, ya podremos volver a casa.
– Afirmó la esposa de Sergio.
El médico vestido con su ambo color celeste, llevando sus lentes con un importante aumento y el policía salieron del box de la guardia. Judith se acercó un poco más a Sergio y le tomó cariñosamente la mano, le acariciaba con mucha dulzura la palma de la mano derecha. Mientras esto ocurría, unas lágrimas cayeron de los ojos de Sergio, Judith le tomó el mentón y mirándolo fijamente a los ojos y con firmeza, le dijo –No llores, confía en mí y podrás entender lo que ocurrió.
Las lágrimas dejaron de caer, y luego le facilitaron a Judith un certificado con el alta dado que no tenía lesiones importantes. Un enfermero intentó trasladarlo en una silla con ruedas, pero Sergio se negó y prefirió caminar, salió caminando con un poco de dificultad de la mano de Judith, quien agradeció la atención de los médicos y llevó el teléfono de la mujer que lo socorrió en la calle. Una vez en la acera de una conocida avenida de Buenos Aires Judith observó por un instante la tarjeta de la notaria, sonrió y la hizo un bollo. Caminaron hacia el automóvil Volkswagen Vento negro con vidrios tonalizados con intenciones de subir al mismo y partir hacia algún lugar conocido por ambos, su hogar.
Sergio continuaba un poco perdido, pero al parecer confiaba en la mujer que lo acompañaba; si bien le generaban dudas la coyuntura sentía que podía o debía confiar en ella, el hospital le generaba mayor incertidumbre y hostilidad. En cambio, verse con ella le generaba tranquilidad más allá del shock. Durante el viaje Judith le ponía una de sus manos en la rodilla, y le reiteraba con voz dulce:
- Tranquilo que pronto llegaremos a casa, esta vez tuvimos suerte, no puedes irte así en soledad. Entiendo que por momentos sientas la necesidad de estar afuera, tu tratamiento no terminó.
Sergio observaba a Judith, buscaba en su imaginario y en su vagón de recuerdos algo que le trajera proyecciones sobre aunque sea la fiesta.
A pocos metros de la casa ubicada en el partido de Tigre, alejado de los centros comerciales, le preguntó:
- ¿Amor, tenemos imágenes de nuestro casamiento?
Judith movió la cabeza de un lado a otro y le respondió:
- Claro amor. ¡Cuándo lleguemos a casa, después del descanso que te sugirió el doctor vamos a ver el video!
Cuando Sergio escuchó las palabras de Judith sobre el video, respiró un poco más tranquilo y dijo:
- ¡Qué bueno! Discúlpame amor. Todavía no estoy tan bien.
Judith luego de oprimir el botón que abría el portón eléctrico de la finca, una hermosa casa quinta del siglo XX, le dijo:
- Te aseguro que recuperarás todos tus recuerdos.
II
La Puerta Negra
El vehículo ingresó en la casa quinta. Era media manzana. La misma se encontraba rodeada de un muro de dos metros de altura con un fino alambre por el cual pasaba electricidad para aturdir a cualquier personaje que quisiera ingresar a la propiedad con malas intenciones, pero eso funcionaba para otras cuestiones, por ejemplo, para quien quisiera salir de la casa. Los muros se encontraban revestidos y cubiertos con pintura blanca. En todo el circuito de la casa quinta existían dos ingresos y egresos autorizados. En ambos ingresos había cámaras domos que captaban imágenes de 360º a todo color con sonido, además de la cerca electrificada había células fotoeléctricas que permitían la iluminación del lugar para un uso sustentable de la energía eléctrica. Los vehículos debían transitar veinte metros desde el portón principal hasta la puerta de entrada de la casa. El portón de la entrada Sur estaba pintado de color verde oscuro al igual que el portón del ingreso de la parte Oeste. En el Portón de la región Sur había un buzón donde los carteros dejaban las notas, cartas y cuentas. Los veinte metros que dirigían al vehículo hacia la casa de dos plantas era de hormigón como la base de la casa. Alrededor de la propiedad había un jardín con rosas rojas y rosas negras, jazmines, también una variedad de pinos y palmeras lo que le otorgaban a la propiedad una estética delicada pero con natural. Un garaje vidriado en el que podían ingresar dos vehículos perfectamente estacionados.
Cercana al sector de Rosedal del jardín construida con un muy buen gusto, se abría paso una piscina de 15 metros por 7 de ancho con diferentes profundidades, llegando a los 190 centímetros. Los azulejos eran de 1.5 cm de colores azul, blanco, celeste y negros. En el fondo y por las noches se encendían las luces, dos blancas, dos rojas y dos azules. La piscina era una obra maestra en sí misma, los amigos que podían visitar a Judith por la noche en alguna de sus fiestas quedaban maravillados frente al juego de luces. La construcción de las paredes de la mansión contaba con paredes de 30 centímetros de espesor, vidrios de 2 pulgadas blindados. Se dice que en esa casa se escondían los agentes de la S.I.D.E. durante los años 80 después de llevar a cabo alguna operación clandestina. Las murallas y los vidrios hacían funcionar a la mansión como una fortaleza desde lo material, pero los poderosos políticos y militares también la protegían. También pude encontrar a ex agentes que me comentaron que el mismísimo ex Presidente de la Nación tenía autorización de ingreso en el caso de algún ataque durante los años de hierro. Hago referencia a 1975 y 1983. Era una casa de seguridad para qué, en el caso que los dos países con los que nos encontrábamos en conversaciones diplomáticas dejasen el color amarillo y pasasen al rojo, lo que ocurrió en 1978 y 1982. Ambos presidentes se acercaron a las finas instalaciones para verificar que todo estuviera en orden e inclusive hay documentos que certifican ambas meriendas con el té traído desde la India, y las delicias de la cocina. En aquellos años no faltaba nada. Regresando al presente, las paredes se encontraban pintadas con un tono marrón claro, con frisos de gran calidad. La madera se encontraba lustrada manteniendo el gran esplendor de las grandes casas de principios del siglo XX. Los pisos de la primera planta eran de mármol blanco impoluto al igual que las escaleras con sus barandales. En la primera planta había una biblioteca, la sala de lectura, un comedor, la cocina totalmente equipada, una sala de reuniones y las habitaciones para el personal de servicio, que dicho sea de paso ganaba hasta el doble de lo que se abonaba al personal. Según contaban los empleados que por propia decisión dejaban ese trabajo para iniciar sus propios negocios, a cada uno de ellos le pagaban los viajes a Europa como premio a su labor diaria, es decir que el trato era perfecto. En la planta alta había 17 habitaciones. Todas amuebladas con maderas nacionales de quebracho colorado, un trabajo realizado por un ebanista de renombre internacional, ayudado por los alumnos argentinos. Les puedo asegurar que los respaldos de las camas impresionan por sus motivos temáticos que van de serpientes de oriente hasta imágenes de símbolos patrios. A diferencia de la planta baja, los altos poseen piso de madera lustrada y plastificada, con alfombras traídas desde China, y Afganistán. En los pasillos las alfombras son de color negro. Una de las habitaciones se encontraba cerrada con llave y solamente había una copia, y la misma se encontraba en manos de Judith, la heredera del lugar. Regresando a la parte inferior de la mansión, existían cinco puertas. La del frente, la puerta de servicio, una que daba al patio o jardín para desayunar en donde el abuelo Fritz jugaba ajedrez con Helga. Una puerta que daba al garaje y la puerta hierro traída de Alemania como recuerdo de lo que no fue pero dejó marcas indelebles y una tradición familiar. La puerta negra.
III
“Recuerdos”
Suenan las campanas de la Iglesia de la Catedral de San Isidro. Dos personas caminan hacia el purísimo altar de mármol los asientos de madera lustrada y las imágenes de los santos junto a las santas con el Cristo central. La música y el pequeño coro daban las notas celestiales mientras un novio esperaba emocionado el arribo de su esposa quien se acercaba lentamente del brazo de uno de sus tíos, quienes vivían en Hamburgo Alemania llevando adelante el control de dos empresas transportistas. En los asientos, no había familiares de Sergio. Paso a paso, la imagen de Judith se hacía cada vez más grande, su presencia le aseguraba un poco más de tranquilidad. El rostro y la expresión de Sergio se llenaban de alegría. En un momento la mano tibia de Judith tomó la mano de Sergio quien ese instante se sintió como trasladado a un sitio de paz y tranquilidad. Pensaba en su vida pasada; fría y trágica por el abandono de sus familiares desde muy joven. Sus padres lo dejaron en una institución, olvidándolo por completo, sin embargo, él no podía olvidar. Recordar a su familia le hacía daño, le traía tristeza, por lo tanto no quería recordar. Recordar a su familia no era algo positivo, es decir, debía olvidar todo para poder pasar a una fase mejor en su vida, su pasado era decadente y lo mejor que le había ocurrido fue conocer a Judith. Recordó ese momento, cuando suavemente cerró los ojos dejando flotar su mente hacia aquel momento en la oficina de los abogados. Parecía una simple entrevista entre la abogada y el cliente. Fue mucho más allá que un reclamo por un choque de su auto que resultó insignificante. Recordar esa tarde, en un instante tan importante de su vida, como el matrimonio entre ambos le servían para relajarse aún más, ese traje gris que llevaba, su camisa blanca, el cabello que caía por los hombros y la propuesta de celebración de la victoria un mes más tarde por parte de ella.
Sergio se sentía sumamente atraído por la joven abogada que le había asistido en el caso del accidente, ella era sumamente agradable, segura de sí. Recordar esa invitación al hogar, a su mansión. Ese recuerdo se hizo muy fuerte mientras el sacerdote decía sus palabras. Recordó esa copa de ese vino caro de Francia, el entrecruzamiento de miradas, la sugerencia posterior a la cena, subir esa escalera con fogosos besos, con impulsos que lo llevaban a un estado de éxtasis y la pérdida del control. Ella se colocó sobre el en la cama con los cuerpos totalmente desnudos y transpirados, él se encontraba embriagado de placer y ella lo observaba fijamente a los ojos moviendo su cuerpo al compás de un ritmo infernal, capturó su miembro con su húmedo sexo sin quitarle la mirada de los ojos. El balance era perfecto, una maquinaria del placer, el calor se expandía por todo el cuerpo de manera agradable, generando pequeños impulsos eléctricos que se transformaban en oleadas de placer. Mientras el sacerdote dijo unas palabras dando paso a las promesas de Judith, Sergio seguía rememorando esa noche de placer, cuando ella apoyó las manos en su pectorales y con la punta de sus uñas jugaba con sus tetillas, se mezclaban esos recuerdos con las palabras de la Iglesia: “Eres mi propiedad, te cuidaré y acompañaré en cada momento, no dejaré que pienses en otras cosa que no sea en mí. Yo seré de aquí en más tu pasado, tu presente, y tu futuro, incluso estaré en tu final.”
Julia. Tenemos que dejarlo descansar. –Dijo Judith.
Me parece muy bien. Su presión es estable, pero no abusemos Judith.
–Aclaró Julia.
Minutos más tarde, ya en la cocina, Judith ante la distracción de Sergio, golpea las manos dos veces y este se sobresalta pero de inmediato al ver a su esposa, sonríe. Frente a él, la taza de té humeando.
Discúlpame amor. Me distraje en un momento sólo pensando en ti. Recuerdo un poco más. Realmente el accidente me asustó. Estoy agradecido de conocerte. –Dijo Sergio extendiendo su mano.
Entiendo amor. Toma mi mano, te digo como lo hice en la Iglesia, siempre estaré junto a ti. Siempre serás mío. –Dijo Judith mirando a Sergio, mientras este último expresó.
Ahora lo recuerdo mejor amor, siempre seré tuyo.
Ambos tomaron el té. Todo lo ocurrido ese día le causó mucho cansancio. Entonces, Judith lo acompañó hasta la habitación matrimonial, se acostaron y en pocos minutos, Sergio se durmió. Judith se levantó tranquila de la cama, se dirigió hacia la puerta negra, la cruzó e intercambió unas palabras con Julia, quien analizó la situación.
Esta vez lo sacamos barato Judith. No podemos confiarnos. –Dijo Julia con mucha preocupación.
Lo sé, lo sé muy bien. Ocurre que hasta ahora lo hicimos con personas muy jóvenes, menores de 15, bueno. Estaremos más atentas. Probablemente llevará un poco más tiempos. Por lo visto recuerda bastante. El método funciona. –Afirmó Judith con una sonrisa.
Es impensado. Logramos que las personas recuerden cosas que jamás le han ocurrido. –Dijo Julia.
Las dos mujeres se dieron un abrazo, se miraron a los ojos y se besaron profundamente, como si fuera la última vez.
IV
“La Cabeza de la Serpiente”
Cuarenta años atrás o más la situación era diferente en la mansión y en el país. La Nación se embarcaba en una guerra contra la subversión y luego, en un plan sistemático de persecución, secuestro, tortura y desaparición de militantes e integrantes de los movimientos clandestinos. Esa mansión era ideal para parte de la tarea que llevaba a cabo los integrantes del 601. Previamente, la tía Alejandra se permitió a fines de la década de 1960 realizar un viaje a Alemania Occidental, lugar en el que se asentó gracias a su fortuna y su profesión, era Doctora en Psicología y gracias a un convenio con entre la Universidad de Munich y la Universidad de Buenos Aires, Alejandra pasó a llamarse Alexandra.
Europa era un consultorio psiquiátrico. Vivía una época de reconstrucción, pero a la vez de contención. Las víctimas de la guerra se contaban por miles y millones, en particular Alemania sufría la partición en dos con un muro entre ambas que partían familias e historias. Por otro lado, parte de la sociedad comenzaba a disfrutar de la ola de la Revolución Sexual.
Alexandra comenzó a trabajar con un grupo de psicólogos que se ocupaban de atender a víctimas del nazismo. Esquizofrénicos, paranoicos, suicidas, una infinidad de problemas mentales, la sociedad alemana sufría las consecuencias de un régimen demencial. El psicólogo toma nota, el psicólogo es un profesional, pero también y ante todo es un ser que siente. Allí por el mes de Mayo de 1971, Alexandra decidió aceptar la invitación de uno de sus colegas, Franz Mühler, cabello rojo, pecas un poco más joven que Alexandra. Franz medía 1.85 metros de estatura y pesaba unos 98 kilos. Todo un barril de cerveza de Bavaria, de excelente educación, respetuoso, y muy caballero.
Alexandra esa noche vestía un jumper tipo príncipe de gales y un tapado de zorro, algo que en estos tiempos se vería castigado, en los años 1970 eran moda. A pesar de la primavera, en Munich la temperatura variaba y por la noche descendía de manera importante. Cenaron con una increíble cerveza tirada, rieron un rato sobre las historias que intercambiaban en medio de la velada.
De un momento a otro, Franz, por acción de la cerveza o vaya uno a saber las causas, hizo un silencio y dejó caer una lágrima por su mejilla. La respuesta de Alexandra fue automática, tomó uno de sus pañuelos y se lo ofreció al vulnerable Franz quien decidió secarse las lágrimas para luego beber un sorbo de la bebida y luego comentarle a Alexandra que durante los últimos meses tuvo un sueño recurrente. Soñaba que él era Franz pero más joven, era otro tiempo y formaba parte del ejército alemán, entrenaba a la par de sus camaradas pero un buen día fue solicitado por un Coronel de las SS. El Coronel llevaba a la oficina a su esposa los miércoles, y por casualidad ese era el día, la mujer vestía un traje verde oscuro con un una camisa blanca, su cabello era rojizo pero con mechones más rubios que rojos. Franz golpea la puerta. El Coronel Von Groll autorizó el ingreso del oficial subalterno quien se cuadró correctamente y luego un silencio. Desde un costado, la esposa del Coronel, Dalia Berguer observaba atenta desde su cómodo sillón con un cigarrillo encendido. Por momentos se llevaba la boquilla negra con diamantes incrustados a los rojos labios.
El Coronel Von Groll rompió el silencio – Oficial Franz Müller, comprendo que usted es uno de los mejores elementos del Ejército, y como usted imaginará, viene tiempos de guerra, nuestro líder se encuentra decidido a llevar a cabo la misión redentora de la recuperar para Alemania lo que le pertenece. Necesitamos obtener todo para Alemania.
Sí. Mi Coronel. –Respondió Franz con los nervios firmes.
Necesitamos personas en las que podamos confiar para el trabajo en las distintas dependencias, sin embargo, aquí tengo su legajo. Las SS lo investigaron, y a pesar de su lealtad, hemos notado que su abuelo materno era judío. –Agregó el Coronel con un gesto de sadismo, levantando la voz sobre las últimas dos palabras, haciendo que el oficial Fritz realizara un movimiento mínimo de su cabeza.
En ese instante, Dalia sonrío y volvió a fumar por la boquilla.
Eso es grave. Eso lo llevaría a permanecer fuera de la institución, es más, lo enviarán a los campos de trabajo. Basura. –Expresó con ira el Coronel.
Mi Coronel, sólo sirvo a mi patria, Alemania, soy leal… -Expresó con tibia voz el Oficial Franz mientras era interrumpido por el Coronel quien continuaba con las acciones denigrantes.
Callado. Sus palabras solamente empeoran su situación. –Concluyó el duro Oficial Jefe apoyando sus puños sobre el escritorio de madera lustrada.
Franz bajó la mirada. En ese instante el Coronel miró a su mujer con una sonrisa, Dalia devolvió la mirada con una aprobación.
Sin embargo, a pesar de su sangre de mala calidad, como le dije previamente. Necesitamos personas de confianza. Existe una posibilidad para que usted no se dirija a los campos de trabajo, cargando con la deshonra de una raza inferior y apestosa. – Sentenció el Coronel con un tono más afable.
Señor. Magnánimo Señor. Haré lo que sea por Alemania. – Dijo Franz.
Bien, lo sé, lo sé. Le explicaré. Hace cientos de años los que alguna vez acompañaron nuestra causa, pero no pertenecían a nuestra raza al cien por cien de pureza, tenían que pasar por un ritual de purificación. Ese ritual fue recuperado hace unos años, por suerte, y gracias a la magnánima naturaleza de nuestro líder y su lealtad lo invitamos a participar del ritual. –El Coronel extendió su mano derecha.
Sorprendido por la cambiante actitud, Franz estrechó la mano.
El local cerraba sus puertas. Franz y Alexandra pagaron la cuenta y caminaron, mientras caminaban Franz continuaba con su relato. Alexandra no salía de su asombro. Franz se encontraba muy afectado por los pacientes y sus historias, de algún modo ella también pero desde otro espacio.
Cerca del departamento de Franz, continuó su relato.
Llegó el momento. Franz subió a un vehículo y le colocaron una bolsa de tela negra que evitaba su visión. Transitaron hacia las afueras de Munich, llegaron a un lugar alejado. De momento sintió que ingresaba a un lugar silencioso, oscuro. Esperó unos minutos hasta que un hombre enmascarado, vistiendo un traje negro ingresó junto a una mujer vestida con un vestido del mismo color. Lo hicieron ingresar a una habitación en la que el aroma a incienso era suave pero acogedor, lo desvistieron y le colocaron una sotana negra. Con los ojos tapados fue trasladado hasta lo que se conoce como la sala central. Allí, con los ojos tapados escuchó a la Sacerdotisa dar la bienvenida a los nuevos integrantes de la Sociedad Secreta del Sufrimiento y la Lealtad (SSSL). Al principio rebautizaron a las jóvenes. Les quitaban las sotanas y luego recibían golpes con una tabla de madera envuelta en cuero, el verdugo era un alemán de dos metros que no se reservaba el deseo de golpear con fuerza. Por cada golpe, los pecados de la sangre se expiaban y la sangre se limpiaba. Lo mismo ocurrió con Franz, recibió el castigo por su sangre y los desvíos de los antepasados. Luego de la redención, llegaba el bautismo. Dalia pasaba por cada nuevo sumiso para bautizarlo con su marca de sangre. Franz pudo reconocer el perfume a pesar del incienso.
Esa noche comenzó un nuevo trabajo para Franz. Fue el asistente de Dalia la Sacerdotisa.
Ante el relato, Alexandra solo preguntó: - ¿Eso te atormenta?
No, siento el deseo que ocurra. – Respondió Franz agachando la cabeza.
Entraron al departamento. Alexandra lo acompañó toda la noche. Durmió en el sillón. En medio de la madrugada, Alexandra despertó, se acercó a la habitación en la que descansaba Franz, tomó una paleta de ping pong, se acercó lentamente y entre sueños le fue hablando con suavidad a Franz quien entre dormido se movía. Con los ojos cerrados todavía, Alexandra tapo los ojos de Franz, y ante el susto del alemán que se encontraba boca abajo sobre la cama, se acercó al oído y le dijo, - ¡Quieto Franz, soy Dalia!
Días más tarde. Las cosas comenzaron a estar mejor entre Alexandra y Franz. Este se sentía más equilibrado. Alexandra decidió vivir junto a él pero en una casa que alquilaron juntos. Ambos mantenían en secreto sus gustos. Ella empezó a conocerse a sí misma. A pesar del secreto, algunas parejas que conocían comenzaron a participar. Los años pasaron en paz hasta que en 1975 Alexandra fue acusada de abuso hacia una paciente. Pudo escapar hacia Alemania del Este y desde allí decidió regresar a la Argentina. La reacción de Franz fue típica de un sumiso, se declaró culpable por los delitos por los que se acusaba a Alejandra. Franz pasaría 5 años en la cárcel y la inhabilitación de por vida.
Era Abril de 1976. Alejandra arribó a Buenos Aires y decidió vivir en la casa de sus padres en Tigre. Con ella viajaron sus juguetes y una idea. Investigar más sobre los resultados de la tortura, la farmacología y el control de la voluntad de las personas, no podía estar en un lugar mejor, Argentina era un caos. Fue el 12 de mayo de 1976. El Presidente de la Nación visitó la mansión. Impecable en su vestimenta como lo caracterizaba el Presidente se entrevistó con la profesional, ella no se presentó como Licenciada Alejandra. Vestida totalmente en cuero negro, con una boquilla entre los dedos se presentó al J.R. como Lady Alexandra.
V
“El Método”
El sol ingresaba por la ventana del primer piso iluminando el cuerpo de Julia. A un lado de la cama matrimonial y sentada en una silla estaba Julieta, quien observaba con pasión a su amada que yacía sobre las sábanas de seda color dorado. Julia despertó con el gesto de una noche feliz, estiró su mano derecha y tomó la mano de su compañera. Julieta se acercó y besó a Julia.
Ambas, conversaron sobre el inmenso amor que se obsequiaban. Sus miradas demostraban deseo, pasión y desenfreno.
Sergio seguía bajo los efectos de los anestésicos, se encontraba totalmente drogado y a merced de las dos profesionales. Las mujeres bebieron té y tostadas, caminaron hacia la ducha y compartieron un baño placentero. Entre ambas secaron sus cuerpos con las finas toallas. Finalmente se vistieron y después de dar las directivas a los empleados del lugar se dirigieron al sótano en donde se encontraba atado en una camilla de cuero negro, Sergio.
La estrategia y el tratamiento realizado a Sergio era sumamente invasivo, pero que a la vez no le producía dolor, tampoco le producía lastimaduras. Según las palabras de Judith, la mercadería no debe ser dañada. Julia regresa a Sergio a un estado de vigilia controlada. Sergio tenía colocado auriculares por el que comenzaron a sonar relatos sobre su vida reciente, sobre el maltrato de sus padres. Sobre la importancia de la aparición en su vida de Judith. Durante dos horas y media, Sergio fue bombardeado con afirmaciones sobre su nueva vida, sobre sus nuevos recuerdos recientes.
Transcurrido ese tiempo, y bajo recomendación de Julia, dejaron descansar a Sergio quien relajó su cuerpo. En esa habitación había una pantalla 360º con calidad 3D, lo que en ciertas circunstancias y bajo condicionamientos estudiados puede provocar respuestas deseadas. Estudios realizados a través de la segunda mitad del siglo XX dieron muy buenos resultados. La investigación pormenorizada sobre el sistema nervioso, sobre el tejido neuronal, sumado al buen uso y combinación de las drogas alucinógenas logran el resultado deseado, un objeto controlable, un arma humana, un marido ejemplar, una prostituta perfecta, un líder político manejable, etc.
A menor nivel o con mayor facilidad la gente común no se da cuenta, pero se encuentra controlada por la batería de armas y rayos de la televisión, las pantallas, las aplicaciones tecnológicas, las amenazas permanentes a la calma y la tranquilidad. El miedo actúa como un narcótico, no sólo nos acostumbramos al miedo, en algún momento comenzamos a necesitarlo para poder sobrevivir. Al principio, el miedo nos aterra, pero al recibir el premio y el obsequio por el cumplimiento de la norma sentimos tranquilidad, nos sentimos muy fuertes, plenos, pero más tarde, nuevamente, alguien perturba nuestro cerebro con la duda y el terror, y otra vez recurrimos a la protección del fuerte.
En ciertos casos es necesaria la perfección. Las necesidades son variadas como les comenté previamente. El control de las mentes, el reflejo condicionado para una respuesta perfecta y deseada. Nada puede fallar, y si algo falla, es el final del material.
Finalizado el almuerzo se acercó una de las empleadas para recordar a Judith que a las 15 horas tenían una entrevista con dos empresarios japonenses interesados en el método de lavado de cerebros. Segundos previos a que dieran las 3 de la tarde, las damas se dirigieron a la biblioteca para esperar a sus posibles clientes orientales.
La secretaria de Judith dio aviso de la llegada de los empresarios quienes hablaban perfecto inglés, de todos modos fueron acompañados por una intérprete de la empresa. Judith abrió la puerta y se saludaron realizando las presentaciones formales. El trato era importante, había una persona que el empresario japonés quería incorporar al gobierno y antes quería condicionarlo. La negociación significaba un salto económico increíble.
La negociación tomó un caris distinto cuando luego de presentar las condiciones, ingresó la secretaria con el té. La conversación pasó a la fase económica. Un té para los nipones es algo ritual, es imposible que no lo beban. En ese momento, Judith propuso el monto. U$s 10.000.000. Los japoneses se miraron por un segundo, el monto les parecía excesivo. Judith miró de reojo a Julia, mientras el nipón le dijo en su español básico - Su pedido es muy alto. ¡Cómo vamos a pagar si no podemos comprobar el resultado!
Judith bajó la mirada un segundo y mirando a la intérprete, le dijo:
- Ikiko, ponte de pie.
Ikiko, con su mirada perdida y ante el asombro de los empresarios japoneses se incorporó.
- Ikiko, arráncate el cabello.
La intérprete intentó frenar el impulso. Comenzó a levantar el brazo derecho muy lentamente, mientras de sus lágrimas cayeron lágrimas. Cuando Ikiko tomó su pelo, Julia le colocó un parche en el cuello e Ikiko cayó en un sillón dormida profundamente.
Los japoneses miraron la taza de té. Se sintieron temerosos.
- Si quieren más pruebas, depositen 5.000.000 y le permitiremos ver como terminamos el proceso. Tenemos que finalizar un trabajo esta noche. –Dijo Judith mientras Julia sonreía.
Uno de los japoneses sacó de su maletín una Tablet y escribió la cifra. El método era sencillo. Tomar a la persona y trabajar durante quince días para lograr los resultados deseados. Modificar el pensamiento de una persona no es algo sencillo, las imágenes, las drogas los impulsos eléctricos se combinan para alcanzar el objetivo. Primero generan el encuentro, el sujeto o es secuestrado para lo que es necesaria parte de las divisas, (los jueces son parte y deben ganar su parte) y mantenido bajo los efectos de fuertes drogas durante días. Sin dejarlo despertar, comienza la proyección del proceso invasivo. Para finalizar, una vez que responde de manera consciente a los requerimientos llega la fase final.
VI
“Un Producto Terminado”
Minutos más tarde, Julia sonrió y estrechó la mano de uno de los japoneses. La transferencia de los 5.000.000 había sido exitosa para la función que los nipones necesiten. Toda la negociación quedaba en estado reservado y ultra-secreto. Es notable el esfuerzo de algunas personas por dominar los impulsos de la mente, controlar acciones, implantar recuerdos, borrar traumas. El proyecto Ultra de Estados Unidos funcionó pero el gobierno no invirtió más dinero, en el caso de los alemanes y la licenciada en psicóloga argentina tuvo un éxito magnífico.
Judith dejó muy claras las cosas con los orientales. Al finalizar el proceso de lavado e implantación de la misión los japoneses realizarían una comprobación sobre la calidad del producto terminado para realizar la operación. En ese momento depositarían el resto del dinero pactado por contrato. Era una puerta que se abría para ganar mucho dinero, sin embargo, las cosas podían fallar, entonces lo mejor era ajustar los métodos y la seguridad para que la ganancia sea más continua y sumamente atractiva, qué el producto se transforme en atractivo para otros empresarios. ¿Quién no quiere a un espía sin pasado, sin problemas con la moral, o un gerente que sirva como chivo expiatorio en una causa judicial? ¿Un asesino de presidentes o políticos en campaña haciéndose pasar por terrorista con el objetivo de acusar a un país enemigo? Ocurre que en la sociedad la medicalización y el manejo de las masas mediante drogas legales es sustentable para manejar los miedos y controlar la autonomía de los grupos humanos, pero no alcanza para llevar a cabo una operación de gran magnitud.
Nuevamente en el subsuelo, las damas comenzaron la fase final de la transformación. Aplicaron las drogas alucinógenas y los shocks eléctricos con mucho cuidado. Luego de dos días y noches con los micro impulsos invasivos en un estado de trance inducido se aplicaron los datos en la mente que se transformaron en recuerdos de una memoria inexistente, pero para el a partir de hoy sería Juan Domínguez, ingeniero electrónico senior, la única realidad. La documentación era fácil de conseguir. El mundo de la legalidad es para los creyentes en la vida normalizada por instituciones. Pasaporte, fotografías, un lugar en donde vivir. A partir de ese momento la situación dejaría de ser problema de Judith, los nipones tenían su planificación.
Días más tarde y en una banquina de una ruta de la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Una turista japonesa golpea la ventana del conductor de un Ford Focus. Quien en otro momento era Sergio se despierta y aturdido observa a una dama de unos 30 años. Baja el vidrio de la ventanilla y dice:
- Disculpe. Me quedé dormido.
- Soy Akiko, sé poco español. ¡Mucho gusto! Mi tuvo un problema con un neumático. ¿Podría ayudarme?
- Mucho gusto en ayudarla, mi nombre es Juan.
- ¡Gracias! Se lo recompensaré. ¡Creo que seremos amigos!
- No sé por qué pero, creo que tiene razón, Respondió Juan.
Fin




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