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La Meretriz y El Perro

  • Foto del escritor: PROF. Marcelo CISNEROS CATALDI
    PROF. Marcelo CISNEROS CATALDI
  • 3 ene 2022
  • 4 Min. de lectura

La Meretriz y El Perro

“Cualquier similitud con la realidad es coincidencia”

“De 0 a 6”


I



Así va la tardecita de viernes. Unos mates y una extensa conversación con su esposa. Tienen ya dos años de matrimonio. Ella es una interesante Profesora de Biología que trabaja en tres colegios públicos, algo típico del trabajo de los docentes. Él, es, simplemente, un Policía con cuatro años de antigüedad, ya es Cabo, primer grado en la escala de los Suboficiales de la institución azul últimamente venida a menos, aunque todavía quedan resabios de lo que otrora fuera una institución de mucha jerarquía. Después del franco se prepara para tomar servicio en la Comisaría del barrio. Llevaba dos años como numerario de la seccional, cuando egresó de la escuela Villar tuvo como destino la Honorable Guardia Infantería, pero cuando el Oficial Inspector ascendió a Principal le dieron el pase a la Dirección General de Comisarías en una de las Comisarías de la Superintendencia de Seguridad Metropolitana.

Así, después de los mates de la tarde, se dio una ducha para salir con su Fiat Uno SCR auto en un excelente estado. El uniforme impecable colgado en una percha y enfundado, lustre correcto, dentro del vehículo había aroma a pomada y perfume, esa mezcla no siempre soportada por su esposa, Micaela, a la que llama, “bichy”. Salió de Caseros con su vehículo y respetando las normas de tránsito. En 45 minutos llegó a la “taquería” forma vulgar con la que se conoce a las dependencias policiales, un edificio de fachada imponente lo esperaba en uno de los barrios más históricos de la Ciudad de Buenos Aires, Palermo.

Saluda al Agente de Imaginaria y pasa directo a los vestuarios para cambiar su ropa de civil por el impoluto Uniforme negro con la V amarilla dada vuelta. Allí se encontró con sus camaradas, los “perros viejos” se hacían chistes, y hablaban de la esposa de uno y otro, chistes y bromas para poder sobrellevar el momento del retorno al servicio qué, por aquellos días de Agosto, hacían mella. Frío, a veces lluvioso, contaban los perros viejos, como se los conocía por tener más de 21 años de servicio, que durante los inviernos cuando les tocaba la vigilancia en el Puerto de Buenos Aires se colocaban hojas de diario entre la camiseta y la camisa del uniforme número uno para poder soportar el frío acompañado del viento. A diferencia de la zona portuaria en Palermo es distinto, en esa zona hay reparo gracias a los edificios, por lo tanto, el servicio se hace llevadero. Le quedan unos pocos meses al viejo Nodi. Terrible Suboficial Mayor de increíbles e inenarrables historias que se lleva como experiencia de la vida sumadas las averías del cuerpo. No es gratis la vida del Suboficial de Policía, además del sucesivo sentimiento de incertidumbre que lo persigue en servicio y fuera de él.

Minutos más tarde, con el uniforme colocado, silbato y todo en orden, eso significa, boleta de calle en el bolsillo de la campera, chaleco balístico, etc, pasan momentáneamente por la cocina en donde se chorea un mate antes de la academia. Siendo las 23.05, el Oficial de Servicio junto al Sargento de Guardia, pasan revista y comienza la academia. A medida que nombran a los numerarios, estos, reciben el puesto. El Cabo L. P. 13523 Aldo Pragazzini sabía que le tocaba Las Heras 3800, lee las órdenes en el libro y parte a una parada clásica de la semana de noche. En verano esa es una parada entretenida y con mucho movimiento vehicular, en particular durante los fines de semana. Entre todas las obligaciones existen algunos comercios cerrados que cuidar, buscando en definitiva, el famoso, Sin Novedad.

Salen por la puerta los seres de Azul, hoy de negro con una campera azul y un poco más de 3,5 kilos de elementos encima. Pragazzini, al que le dicen, “el Checo”, aunque su apellido de origen es italiano, apura el paso para llevar a cabo el relevo ansiado por su camarada de armas. El Cabo 1º Mendoza toma servicio adicional, relevando temprano, el colega puede cumplir y la zona no queda vacía. Ese era un gesto común en El Checo además porque él no realizaba Servicios Adicionales. Mendoza era formoseño y mantenía su tonadita, inclusive, a veces le guardaba un sánduche de jamón crudo y queso de la Confitería. Entre camaradas todo se comparte, fundamentalmente el dolor de las mujeres de los caídos y sus hijos, tenemos un par en la Comisaría, al “tano” lo mataron en un Robo Bancario hace seis meses, le metieron cuatro tiros, lo llevaron en helicóptero pero se murió en el aire; mientras que el “gato Flores” de la brigada le cobraron una de otra jurisdicción, de todos modos los pibes no tienen la culpa y como a los perros de otras lechigadas se los cuida. Es esa la solidaridad de la Policía Federal Argentina, algo que no leen en los Medios de Comunicación porque estos son el opio de las masas. Esta solidaridad es una tradición, una forma de vida. Es así que se lleva a cabo el relevo al cuarto tercero, sin novedad.

Una breve caminata del Cabo, verificando que la plaza se encuentre ordenada para conseguir el objetivo, comenzar la noche como Dios manda y así fue. La noche dio paso a desierto de cemento frío y a naturalmente solitario. Esa noche no hubo sánduche de jamón. Hacía frío. Como era de costumbre pasaron los móviles del oficial y el suboficial antes de la 1.30. Entre las 2 y las 4.30 de la madrugada, aproximadamente, y si la cosa venía liviana, el móvil no pasaba por esa zona, tenía otras prioridades, los boliches. Es viernes, y el subcomisario en la casa. Aldo regresa hasta donde se encuentra el puesto de diarios que abre a las 3.30, se detiene unos segundos para encender un cigarrillo rubio, fuma poco, pero de noche, porque dice que lo ayuda a sobrellevar el tiempo y el clima.

Me detengo en esa noche porque desde algún sitio algo le llamó la atención de Pragazzini, miraba hacia la derecha, miraba hacia la izquierda, luego se acercó hasta la esquina caminando a paso ligero. Viernes, podía ser cualquier cosa. Ya sobre la esquina, siente otra vez el chistido que le había llamado la atención al “Checo”. Después de percatarse, aunque aún desorientado, siente una risa. En ese momento, levanta la mirada para observar a una mujer saludando con un vaso en la mano y sonriendo, vuelve a chistar.

Aldo saluda, respetuosamente. –Buenas noches Señorita. ¿Ocurre algo?

 
 
 

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